lunes, 11 de febrero de 2013

OSTENTOSO Y OSTENTÓREO

«Si tomamos en consideracón contaminaciones como las anteriores no debería sorprendernos que una persona mezclara los adjetivos ostentoso y estentóreo, manteniendo el significado del primero: “que hace ostentación” (derivado de ostentar); no era ostentoso una palabra rara, a diferencia de la otra, desconocida para la mayor parte de la gente, que se trata de una voz exclusivamente literaria, creada en el Barroco como una derivación adjetiva de Esténtor, un personaje de La Ilíada, cuya voz era tan fuerte como la de cincuenta personas juntas".
  Pascual Rodríguez, José Antonio . No es lo mismo ostentoso que ostentóreo. La azarosa vida de las palabras, Edit. Espasa, Madrid, 2013, pág. 84

viernes, 4 de enero de 2013

LAVABO

la palabra  lavabo tiene su origen en un verbo latino, y no en un sustantivo. Es el futuro imperfecto del verbo latino lavo (1): lavar. Es decir, lavabo  significa literalmente: ‘lavaré’. Es curioso e interesante saber que el significado actual se lo debemos, en principio, a la liturgia católica.
Cuando la misa se decía en latín, antes del Concilio Vaticano II (1965), el sacerdote, tras el ofertorio, se mojaba los dedos con un poco de agua para purificar sus manos, mientras recitaba una parte del Salmo XXV que dice:
 «Lavabo inter innocentes manus meas», (‘lavaré mis manos entre los inocentes’).
Después, tomaba una toallita para secarse. El pueblo, que de latín no sabía ni papa, supuso que lavabo era el nombre de la toallita, y así la llamaron. Cuando en casa se secaban las manos lo hacían con “el lavabo”.
Con el correr del tiempo, el lavabo (la toallita) cedió su nombre a la habitación donde la gente se lavaba y se aseaba. Entonces, lavabo pasó a ser el cuarto de baño. Al final, el nombre le quedó en exclusiva, al objeto sanitario en el que nos lavamos y que casi siempre tiene por compañero un espejo.

martes, 1 de enero de 2013

TIBIDABO


El origen del topónimo Tibidabo es incierto, pero parece ser de la misma época que otros topónimos religiosos de Barcelona, como Vall d'Hebron (valle de Hebrón) y el Monte Carmelo. «Tibi dabo», que en latín significa «te daré», proviene de unos versículos de la Biblia Vulgata:

  • "…et dixit illi haec tibi omnia dabo si cadens adoraveris me" — "Y le dijo: Todo esto te daré si te postras y me adoras" (4:9);

  • "…et ait ei tibi dabo potestatem hanc universam et gloriam illorum quia mihi tradita sunt et cui volo do illa" — "Y le dijo el diablo: Te daré todo el poder y la gloria de estos reinos, porque a mí me ha sido entregado y se lo doy a quien quiero." (Lucas 4:6).
Estas frases las dice el diablo a Jesús desde una gran altura, mostrándole los reinos de la Tierra. El nombre del Tibidabo parece ser una referencia a esta vista. En una de las vidrieras de la iglesia se puede contemplar esta escena.

Tomado de WIKIPEDIA

domingo, 23 de septiembre de 2012

Juego de palabras: LATIUM, MALUIT





Templo de Saturno en el foro romano

Cuando Virgilio, relata en su Eneida la llegada de Eneas a la tierra prometida del Lacio, que en latín llamamos Latium, pone este hermoso topónimo en relación con el verbo latino que significa “esconderse” o “estar latente”, latet. Una vez más, nos encontramos ante los parecidos fonéticos que invitan a pensar en una relación que transciende la mera semejanza: Latium y latet. Fue nada menos que Saturno quien estuvo oculto o latente en el Latium, pero aquel lugar no se llamó así hasta que el propio Saturno “prefirió” este nombre sobre cualquier otro, agradecido por la seguridad que la había brindado. Curiosamente, la forma verbal “prefirió” en latín se dice MALUIT, y este verbo conforma un perfecto anagrama con la palabra LATIUM. ¡Cuántos juegos de palabras en tan sólo dos versos de la Eneida! Pero cabe establecer, no obstante, dos tipos de juegos para relacionar las palabras, bien por su supuesta etimología (es el caso de Latium y de latet), bien por la recolocación de las letras, o los anagramas (el caso de LATIUM y de MALUIT). En el primer caso, estamos ante una forma primitiva de morfología, pues la base de la palabra puede modificarse con terminaciones distintas, mientras que en el segundo caso son todas las letras, sin exclusión, las que danzan alegremente para recombinarse.
*Tomado de un artículo de Francisco García Jurado

sábado, 22 de septiembre de 2012

Concepción y Concha

El hipocorístico, o nombre cariñoso y familiar, de Concepción, Concha, tiene una historia curiosa. De hecho, surge de un error. Llamar "Conchas" a las "Concepciones" procede de una mala interpretación. En Italia empezó a llamarse a las muchachas nacidas el día dedicado a la Inmaculada Concepción con el nombre de Concepta, término latino que en italiano se pronuncia Conchetta, y que se pronunciaba a la italiana en lengua valenciana. Así empezó a llamarse a las Marías de la Concepción María Concepta < Conchetta. Al pasar la costumbre a Castilla, los hablantes castellanos supusieron que Conchetta era diminutivo de concha, error del que nació ese nombre. A crear tal confusión contribuyeron también los pintores y escultores que representaban a la Virgen naciendo de una concha, como una nueva Venus. Hay que decir, de paso, que la advocación mariana que celebramos en la actualidad se refiere a la concepción de María en el vientre de Santa Ana, su madre, concepción que de acuerdo con la enseñanza de la Iglesia se haría sin mancha, sin mácula: inmaculada, es decir, no dañada por la secuela del pecado original. Por lo tanto, nada tiene que ver esta "concepción" con la de Jesús en el vientre de la Virgen María.

* Tomado de Celdrán, Pancracio: Diccionario de Manías y Superticiones, Edit. Viceversa, Madrid, 2011 pág. 126

Inmaculada Concepción de Murillo