viernes, 10 de julio de 2015

Franco, un miles gloriosus

Sirva esta pequeña anécdota para ilustrar lo burros que han sido siempre los fascistas —en este país y en el ajeno—y de qué modo cretino, majadero e ignorante han intentado aprovecharse de la Historia de España, de la Literatura o de la Cultura a su favor, cuando por norma general lo primero que deberían haber hecho es estudiarlas. Afortunadamente, y también como norma, solo han conseguido señalarse como los más auténticos zotes que se hayan escapado de aula alguna, sin excluir esta fuga la de los legítimos moradores que consiguen hacer lo propio de muladares y cochiqueras.
Los visitantes de Salamanca quizás se vean sorprendidos al notar que los muros de la Universidad, cara norte, que dan a la plaza de Anaya, están todavía marcados con ese famoso signo que adoptó el fascio español tras la victoria de sus ejércitos: me refiero al monograma que se lee vitor (o victor). Sepa el curioso que ese signo se grababa cada vez que una tesis doctoral era defendida con éxito en la Facultad desde tiempos medievales. A los falangistas salmantinos, al ser la ciudad tomada a los pocos días de la sublevación de julio de 1936, les dio por identificar esta victoria con la propia, aunque fuese difícil equiparar la que se consigue con la inteligencia con la que se hurta fusil al hombro. La repesca ideológica y bullanguera del Falangismo español se adueñó, como digo, impropiamente del monograma, y llegó a dibujar en esas mismas paredes el signo, bajo el que un insigne latinista escribió:
Generalissimo Franco Mil. Hisp. Glor.
Lo que sin abreviaturas y semitraducido debería escribirse
Generalísimo Franco, Miles Hispanus Gloriosus.
Dejo la última parte sin traducir porque aquí es donde el asunto cobra su miga: la traducción literal es, como cabe sospechar, militar glorioso. Sin embargo, hasta el alumno más zote y menos familiarizado con las obras de Plauto conoce que, como personaje teatral, el miles gloriosus ha pasado a ser un tipo reconocible en las tablas, al igual que lo es el criado gracioso o el viejo avaro, y que corresponde a aquel personaje (militar o no) del que se burlan todos solapadamente por ser un fanfarrón, un falso matasiete y un héroe de pacotilla que, aunque anuncia a voz en grito que él solo es capaz de aniquilar a un ejército, se muere de miedo en cuanto asoma medio enemigo en el horizonte.

Afortunadamente para el latinista de turno, nadie de los seguidores del Alegre Régimen algo más ducho en latines le vio rendir tal homenaje al Caudillo: en caso contrario, lo más probable es que hubiese sido fusilado. O quizás encarcelado y enviado, como trabajador voluntario, a picar piedra al Valle de los Caídos.

domingo, 19 de enero de 2014

GENU -US n.: rodilla


De rodillas Seguimos con este repaso de la anatomía, descuartizando el cuerpo humano, y nos ocupamos hoy de la rodilla. Rodilla se decía en latín clásico GENU, un sustantivo neutro de la cuarta declinación, que se conserva casi tel quel en el francés genou y en las restantes lenguas romances, como veremos luego, a excepción de la nuestra, donde se ha sustituido por otro término también de origen latino. De GENU procede, sin embargo, nuestro cultismo genuflexión, o doblamiento que se hace de la rodilla, es decir, arrodillamiento. Es la genuflexión, precisamente, una costumbre muy antigua, nacida, dicen unos, en la Edad Media. Los caballeros, en efecto, al ser armados como tales o al presentarse ante su señor, se inclinaban ante él hincando la rodilla derecha en señal de vasallaje, lo que indicaba tanto sumisión como respeto, igual que, al parecer, se sigue haciendo hoy ante el Rey o la Reina, según manda el protocolo de la Casa Real (?). La genuflexión se hace siempre con la rodilla derecha llevándola hasta el suelo e inclinando la cabeza. Por ser signo de reverencia, lo adoptó la iglesia católica reservándolo al Santísimo Sacramento y a la Santa Cruz en la liturgia del Viernes Santo, pero no debía hacerse ante imágenes marianas, es decir de la virgen María, o de los santos. El gesto se ha convertido en uno de los más clásicos para expresar la adoración y el reconocimiento de la grandeza de Cristo, o también de humildad y penitencia. Otra cosa distinta es orar de rodillas, la doble genuflexión, que como tal se ha suprimido de la liturgia católica de la misa, aunque algunos fieles sigan practicándola. La genuflexión es signo de adoración y sumisión a Dios –hágase tu voluntad, fiat uoluntas tua, que se decía en latín cuando la misa se decía como Dios manda– y se considera como el acto supremo de reverencia del rito católico. Pero el origen de la genuflexión podría buscarse mucho más atrás en la historia, podemos remontarnos a los romanos. En el imperio romano Diocleciano y Maximiano la exigen como saludo a los augustos. Algunos historiadores atribuyen la persecución que ambos emperadores desataron contra la Iglesia a la negativa de los cristianos primitivos a someterse a esta norma, aunque lo cierto es que la genuflexión continuó en vigor con los emperadores cristianos posteriores. Pero podemos remontarnos un poco más atrás todavía en la historia, y encontrarnos con uno de sus testimonios más antiguos, si no el más antiguo que conocemos: la prosquinesis, literalmente "movimiento hacia delante", que es como se llama en griego a la costumbre nacida en el imperio persa de los Aqueménidas de saludar al Gran Rey o Rey de Reyes postrándose ante él. Con tal gesto se hace hincapié en la diferencia que separa al soberano aqueménida de los súbditos mortales sujetos a su cetro. Cuando Alejandro Magno conquista Persia, se considera el heredero legítimo de los aqueménidas e impone el rito palaciego de la prosquinesis, lo que origina enormes protestas entre sus viejos compañeros macedonios y griegos, que se resisten a rendirle ese tributo que consideran bárbaro e indigno de hombres libres como presumen de ser ellos todavía. La prosquinesis, precisamente, la practican los Magos de Oriente -no en vano Melchor, Gaspar y Baltasar eran astrólogos persas- cuando se presentan en el portal de Belén a adorar al recién nacido y ofrecerle su tributo de oro, incienso y mirra, como podemos ver en este fresco de Giotto, donde el primer rey se arrodilla ante el niño Jesús: Hay una frase célebre en torno al simbolismo del arrodillamiento que se ha puesto en boca de muchos revolucionarios: “Vale más morir de pie que vivir de rodillas (o arrodillado)”. He visto que se discute mucho su autoría, atribuyendo la mayoría su creación al revolucionario mexicano Emiliano Zapata. Lo cierto es que entre nosotros la popularizó Dolores Ibárruri, alias La Pasionaria, la heroína comunista que pronunciaba durante la guerra civil española discursos incendiarios que levantaban pasiones, dada su habilidad oratoria, y se ha atribuido después a Ernesto Ché Guevara. La frase juega con el simbolismo “de pie” frente a “de rodillas”, y con la antítesis vida/muerte. En cuanto al simbolismo del pie y la rodilla, está claro, según lo que llevamos visto, que estar de pie significa no doblegarse ante nada ni ante nadie, mientras que el simbolismo de arrodillarse conlleva sumisión y reverencia servil: la del súbdito ante el monarca, la del vasallo ante el señor, la del creyente ante la majestad de su Dios. Otros dos derivados cultos de GENU, además de genuflexión, son ingenuo y genuino. Comencemos por el segundo, para testimoniar que un padre reconocía a un recién nacido como hijo suyo y lo admitía en su familia en la antigüedad, el padre lo levantaba del suelo, donde había sido colocado, y lo ponía sobre sus rodillas; el niño que había sido reconocido así era denominado GENUINUS. De este rito tenemos noticias por la literatura; por ejemplo en el libro noveno de la Ilíada de Homero, vv. 454-456, se queja Feniz, compañero de Aquiles, de cómo su padre Amíntor lo maldijo por haber seducido a su manceba: “... en gran maldición me maldijo, / que en sus rodillas jamás asentara un nieto querido / hijo de mí, y le cumplían los dioses el voto maldito.” Cuando este rito de reconocimiento cayó en desuso, los hablantes latinos ya no relacionaban la palabra GENUINUS con GENU, o al menos no se explicaban su razón de ser, y preferían relacionarla con otra palabra latina muy parecida GENUS, de la tercera declinación, que significaba “género, origen, familia”, de ahí que reinterpretaran el significado del adjetivo como "familiar, original, sui géneris, propio de su género", significado con que ha llegado hasta hoy. GENUINUS se aplicaba sólo a cosas con el significado de innato, auténtico. Lo mismo le sucede a INGENUUS, aunque se discute su origen: hablando de personas, los ingenui eran los nacidos de padres libres, los nobles, ya que habían sido reconocidos; hablando de cosas, las naturales o dignas de un hombre libre, y de ahí vendría el significado actual de delicado, distinguido. En latín vulgar, sin embargo, para referirse a la rodilla se prefería la forma GENUCULUS, que es el diminutivo de GENU, a la forma clásica GENU, como sucedía también con la oreja, que se denominaba AURÍCULA con la forma del diminutivo antes que con AURIS. De este diminutivo viene la forma italiana ginocchio, la rumana genunchi, el catalán genoll, el gallego xenollo y el portugués joelho. De este diminutivo nos viene a nosotros, asimismo, la expresión un tanto arcaica ya “de hinojos”, con el significado de “de rodillas”. Como hinojo era el nombre de una planta en castellano (procedente de FENICULUM, de donde salió la fermosa moza de la Finojosa), se prefirió denominar a la rodilla con otra palabra, que fue ROTAM, que en principio era el nombre de la rueda, por la función del hueso de la rodilla, que se llama ROTULAM, de donde viene nuestro cultismo rótula, pero se usó el diminutivo: al fin y al cabo la rodilla, por mucha forma de rueda que tenga, no deja de ser una rodecilla, es decir, una rueda no muy grande. Este diminutivo fue ROTELLAM, de donde nos viene el cultismo rodela, y la palabra patrimonial rodilla, estando atestiguado rodiella, por ejemplo en los Milagros de Nuestra Señora de Berceo “Essi por qui tu ruegas, fincada tu rodiella”: Ese por el que ruegas, hincada tu rodilla. De rodilla tenemos rodillera, que es la pieza o remiendo que se echa a la ropa en la parte de la rodilla, o también lo que se pone para comodidad, abrigo, adorno o protección de la rodilla. Pero una rodilla también es en castellano "una almohadilla circular -de ahí la comparación con la rueda- que se pone sobre la cabeza para soportar un peso", de donde luego se generaliza el uso como trapo cualquiera que sirve para limpiar. En relación con ROTA, el nombre de la rueda, tenemos muchos derivados que nos llevan muy lejos de la rodilla, pero que tienen que ver con la rotación, rotatorio, rotativo, el rodaje, el ruedo, el rodeo y el verbo rodear. El rodillo es el cilindro que se hace rodar por el suelo para llevar o arrastrar, por ejemplo, cosas de mucho peso. El hecho de que sea el masculino de rodilla no debe hacernos pensar en el supuesto sexismo de la lengua, sino en el procedimiento gramatical que tiene esta de crear nuevos términos atribuyéndoles un género gramatical distinto: no es más que economía del lenguaje lo que diferencia a las rodillas de los rodillos, a las pozas de los pozos, o más a lo culto, a las rótulas de los rótulos. El masculino, por cierto, de RÓTULA, que es RÓTULO, evolucionó a rollo, la primera forma que tuvieron los libros en nuestro mundo -el rollo de papiro-, y de este rollo, surgieron verbos tan ilustres como arrollar, enrollar y desarrollar. Tomado del Blob LOPE DE VEGA CLÁSICO

lunes, 28 de octubre de 2013

MENS MENTIS: mente


Mens sana in corpore sano Vamos ahora a parar mientes en la palabra mente, que procede de la latina MENTEM tras la caída de la –M final. Siguió su evolución y resultó en su momento MIENTE, porque el diptongo IE es la solución de la E breve y tónica en castellano, pero esta forma, que estuvo vigente hasta nuestro Siglo de Oro, cayó pronto en desuso, y hoy apenas se usa como arcaísmo en expresiones como pasársenos algo por las mientes o parar mientes, que significa prestar atención. Nos encontramos, pues, con que la forma que ha perdurado no es el término patrimonial, que sería miente, como tenemos in mente, sino el cultismo mente. De ahí derivan el adjetivo mental y los sustantivos mentalidad, mentalismo, y mentalista pero también el verbo mentar y el sustantivo mención y su verbo mencionar. Vamos a considerar dos compuestos que significan “privado de inteligencia y de cordura”. Ambos tienen un prefijo privativo: en un caso DE- y en el otro VE-. Se trata de demente, y su familia demencia y demencial, que usamos muchas veces con el significado de locura, por ejemplo en la expresión demencia senil, y vehemente, que propiamente significa impulsivo, impetuoso, y su familia vehemencia. Mención aparte merece, por lo curioso que resulta, el nombre parlante o significativo Mentor, nombre propio en su origen del consejero de Telémaco, el hijo de Odiseo/Ulises, derivado de la misma raíz indoeuropea que mente, que se ha convertido en nombre común, lo mismo que le sucedió a Mecenas. Un mentor es una persona que aconseja y protege a otra, un hombre con experiencia de la vida, además de un verdadero amigo, un maestro en suma que aconseja a un joven. En la Odisea de Homero, es la propia diosa Atenea, que encarna la sabiduría, la que adopta varias veces la figura de Mentor, viejo amigo de la familia al que el héroe había confiado la custodia de sus intereses cuando partió para la guerra de Troya, para acompañar y guiar a Telémaco. La diosa Atenea, transformada en Mentor, guiando a Telémaco, dibujo de John Flaxman. La pervivencia de esta palabra puede rastrearse en la obra “Las aventuras de Telémaco” del escritor francés F. Fénelon, publicada en 1699 y muy popular durante el siglo XVIII, donde se dibuja el carácter de este personaje. Otro de los compuestos más curiosos es mentecato que procede de la expresión latina MENTE CAPTUS que literalmente significaba “cogido de la mente”, es decir, que no tiene toda la razón. Y de este mentecato salen ya la mentecatería y la mentecatez. Un compuesto interesante es comentar, que procede del verbo COM-MENTARI, y que con el prefijo COM- significa aplicar la inteligencia a algo. Pero quizá el derivado más chocante sea el verbo mentir, que ya existía en latín MENTIRI, y que en principio significaba inventar, imaginar, derivando después a su significado más conocido de no decir la verdad y, por lo tanto, engañar. De ahí derivan todas las mentiras, los mentirosos y las mentirijillas. Si les damos un repaso a las lenguas romances, observamos que en castellano, gallego, portugués e italiano decimos mente, en catalán se dice ment, en francés se utiliza otra palabra de origen latino para la mente como por ejemplo esprit, pero se usa -ment como terminación adverbial y el adjetivo mental, que también existe en inglés por influencia francesa mental, mentality, y en rumano tenemos minte. En inglés, pero de origen indoeuropeo y no latino, relacionado con MENTEM tenemos mind. De la misma raíz indoeruropea de la que viene mente, que era *mN, con archifonema nasal, unas veces resulta men- como en mente, y los derivados que hemos visto hasta ahora, pero otras veces puede resultar mem- como en MEMORIAM, que es el origen de nuestra memoria tan injustamente desprestigiada por los modernos sistemas de enseñanza, de la que no podemos olvidarnos alegremente sin caer en el síndrome de Alzheimer y convertirnos en unos desmemoriados que han perdido el memorial de su memoria histórica. Del verbo MEMORARE, que en latín significaba recordar, hemos heredado los compuestos conmemorar y rememorar, concurriendo este último con su término patrimonial remembrar. Quizá convenga detenerse un momento en la evolución de REMEMORARE, que con la pérdida de la –E final de los infinitivos quedó en castellano REMEMORAR. Este cultismo evolucionó tras la pérdida de la vocal interior pretónica O a REMEMRAR, surgiendo una B epentética para permitir su pronunciación: REMEMBRAR, fenómeno que podemos observar en otras palabras como HOMINEM>hombre (pasando por omre en castellano viejo) o FEMINAM>hembra . En relación con la memoria se utiliza a veces en castellano el latinajo memento (mori), que en su forma simple como imperativo que es del verbo MEMINISSE significa sólo recuerda y la expresión completa recuerda que mueres, que eres mortal, ten in mente el hecho de la muerte, tu mortalidad, uno de los tópicos del arte barroco relacionado con el de la fugacidad de la vida y los del carpe diem y el tempus fugit. Se cuenta que este memento mori era la frase que se repetían los monjes trapenses cada vez que se encontraban. También se denomina así a la calavera, símbolo de la muerte, que nos advierte de nuestra condición mortal en el arte barroco. Igualmente dentro de las partes de la misa se habla del memento de los vivos y el de los difuntos. Del verbo REMINISCI, relacionado con MEMINISSE, tenemos en castellano reminiscencia, que suele ser un recuerdo un tanto vago e impreciso, pero remembranza al fin y al cabo. Hemos de tener en cuenta entre los derivados de MENTEM el numerosísimo grupo difícil de inventariar, porque es un procedimiento gramaticalmente vivo, de adverbios de modo y manera que acaban en –mente. Quizá su origen haya que buscarlo en expresiones adjetivas que ya existían en latín clásico y que se utilizaban en caso ablativo para indicar circunstancias modales: sincera mente, por ejemplo en este verso de una comedia de Plauto (Bac. 509): ego animum mente sincera gero, donde Mnesíloco le dice a su padre que lleva bien su ánimo “con mente inalterada”. En estos casos, por cierto, el adjetivo (“sincera” en el ejemplo) concuerda en género femenino, número singular y caso ablativo con el sustantivo mente: con mente sincera, inalterada… No poco curioso resulta por otra parte el origen del adjetivo sincero, dicho sea de paso, que, como apunta Marouzeau, significa “sin cera” y alude a la miel pura que elaboran las abejas, sin adherencias de cera. Los adverbios en –mente, como sinceramente tienen dos acentos, el del adjetivo y el del sustantivo, porque aunque se escriban como una sola palabra siguen sintiéndose como dos. No sólo abundan en castellano, sino también en gallego, portugués, catalán, francés e italiano. Siguiendo con la raíz indoeuropea *meN, hay que decir que presenta una variante con vocalismo O, que es *moN, de donde surge en latín el verbo MONEO aconsejar, que nosotros conservamos en monitor, con el sufijo –TOR de agente masculino: aquel que nos aconseja, y en los compuestos premonición, con el significado de advertencia previa que le da el prefijo PRAE-, y admonición, que viene a ser un sinónimo de aviso, sin olvidar amonestar y amonestación, que efectivamente son advertencias o avisos con una recriminación añadida. De esta misma raíz procede monumento con el significado de recuerdo, generalmente de algún muerto, testimonio, memorial… Merece la pena detenerse un poco en un curioso derivado del verbo MONEO que es moneda, procedente de MONETAM, uno de los sobrenombres de la diosa Juno: Iuno Moneta, algo así como Juno la consejera. Junto al templo que se levantaba en Roma de Iuno Moneta se acuñaba la moneda, que es la evolución de MONETAM tras la caída de la –M final y la sonorización castellana de la -T- intervocálica, que se convierte en -D-, conservándose en castellano en adjetivos cultos como monetario, que evoluciona a su vez por la vía popular al término patrimonial monedero, donde se guardan las monedas. En relación con esta misma raíz tenemos MONSTRUM en latín clásico, que dio en castellano la forma ya en desuso, mostro, y en latín vulgar MONSTRUUM que evoluciona a monstruo, que viene a ser un prodigio que señala la voluntad de los dioses, por la creencia de que estas monstruosidades eran advertencias o amonestaciones divinas, de donde deriva el significado de algo extraordinario y sobrenatural, y relacionado con esto el verbo MONSTRARE, indicar la voluntad divina en primer lugar, y en fin simplemente mostrar, demostrar, muestra, muestrario. Aunque a primera vista parezca que no guardan mucha relación, las musas, hijas de Júpiter/Zeus y de Memoria/Mnemosine, divinidades que presidían las artes temporales, con la música y su murgas en primer lugar como la más significativa, pero también las bellas artes o espaciales, cuyas obras se atesoran en los museos que llevan su nombre, las musas también derivan de la raíz *moN, mas el sufijo –twa-. La raíz indoeuropea, que hemos visto bajo sus formas *meN y *moN puede presentar en griego sobre todo la forma que se denomina grado cero *mN, dando origen a algunos helenismos relacionados con la memoria que conservamos en castellano: como amnesia, con prefijo privativo a-, de donde también deriva amnistía, con el significado de perdón, y mnemotécnico y mnemotecnia, el procedimiento que nos ayuda a recordar algo mediante alguna asociación mental. El título que le hemos puesto a esta entrada (“Mens sana in corpore sano”) es una frase muy manida, sacada de un hexámetro de Juvenal, que casi siempre se ha entendido mal, en el sentido de que hay que cultivar la inteligencia a la vez que el cuerpo. El contexto del dicho de Juvenal es “Orandum est ut sit mens sana in corpore sano” (Iuv. 10, 356), que propiamente significa: “hay que pedir a los dioses que haya (que nos den) una mente sana en un cuerpo sano”. Dice el poeta que el hombre verdaderamente sabio no pide al cielo más que salud, en el sentido amplio de la palabra: mental y corporal. Sin embargo suele citarse esta expresión para indicar que la salud del cuerpo es condición indispensable para la salud del alma, y que hay que esforzarse por lo tanto en cultivar la mente tanto como el cuerpo.

ALMA -AE : alma


Con toda el alma Aunque resulte un tanto problemático incluir el alma entre las partes del cuerpo humano, vamos a tratarla a ella, que es tan incorpórea y sutil, a ella, que es la conciencia imaginaria del cuerpo, como si fuera una parte más del todo, y, procediendo como Jack el Destripador, nos toca en nuestro despiece vérnoslas ahora con el almainmortal. La palabra alma viene del latín ANIMAM, que en principio significaba aire y aliento vital. Tras la pérdida de la –M final del acusativo, nos encontramos con el cultismo ánima. Las ánimas son las almas de los difuntos que penan en el purgatorio, si es que sigue existiendo tal cosa, antes de alcanzar la gloria bendita del cielo. La palabra ÁNIMA, que es esdrújula, aunque se conserva por la vía culta y eclesial, que es la vía escrita, por la otra vía, por la oral y popular, evoluciona a ANMA, tras la pérdida de la vocal átona de la sílaba interior; y en ANMA se produce una disimilación parcial que obliga a la primera sonante nasal a convertirse en líquida, esto es, en L (en R en algunas zonas dialectales del español, donde se dice mi arma en vez de mi alma) con lo que ya tenemos el resultado de ALMA. En castellano, gallego y portugués decimos alma, pero conservamos el cultismo anima, en francés se diceâme, en italiano anima, en rumano inima, donde vale por corazón, y en provenzal coexisten anma y arma. En cuanto a los derivados cultos, tenemos el adjetivo anímico y el sustantivo animismo. Clasificamos a los seres en animados e inanimados, siguiendo el criterio de que el ánima es el principio vital, por lo que los seresanimados son los seres vivos y los inanimados, con prefijo negativo in-, los inertes. Tenemos también el adjetivo y sustantivo animal, con el sentido de ser vivo o animado, y el verbo animar, y los dibujos animados o dotados de vida y movimiento. Hemos de considerar como caso aparte el sustantivo derivado ya en latín, ANIMUS, que evoluciona a ánimo,en castellano. Aunque el latín no es una lengua que se prodigue mucho en palabras compuestas, no tanto al menos como el griego, aquí tenemos unas cuantas derivadas de animus precisamente, que conservamos en numerosos cultismos: ecuánime, exánime, magnánimo, pusilánime y unánime. El primero está formado por el adjetivo aequus –a –um, que significa igualitario, justo y equitativo, por lo que unido a animus, una persona ecuánime es alguien de juicio imparcial y de ánimo justo. El segundo, exánime, está formado con la preposición ex, que significa “fuera de”, como cuando decimos ex novio para calificar a alguien que ha dejado de ser lo que era, y animus con el significado de principio vital, vida, por lo que viene a ser lo mismo que muerto o sin señales de vida aparente. El tercero está hecho con el adjetivo magnus –a –um, que quiere decir grande, por lo que magnánimo es aquel que tiene un espíritu amplio y generoso. El cuarto se forma a partir del adjetivopusillus –a –um que significa pequeño, débil, flojo, por lo que alguien calificado de pusilánime es lo mismo que si dijéramos que es falto de ánimo y de valor para afrontar la realidad y su falsedad consustancial. El quinto y último está compuesto por unus –a –um y animus, por lo que unánime quiere decir si se aplica a personas que tienen el mismo parecer, la misma opinión, el mismo ánimo, y si se aplica a los ánimos que muchas personas coinciden en ellos. Del verbo SPIRARE, que en principio significaba soplar, tomar aliento, expeler aire, exhalar un olor, derivó SPITITUM, que propiamente significa “soplo, aire”, y que al evolucionar al castellano dio espíritu siendo una de las pocas palabras latinas que, por influjo de la lengua escrita de los textos considerados sagrados, ha conservado la U final tras la caída de la M del acusativo, habiendo desarrollado una e protética delante de la S-inicial seguida de consonante o S- líquida. Esta palabra, que entra dentro del campo semántico del alma que tratamos, ha dado origen al adjetivo espiritual y a la espiritualidad pero también al espiritismo o supuesto trato con los espíritus de los muertos, a través de un intermediario que entra en trance y se comunica presuntamente con ellos y que se denomina con el latinajo médium. En relación con el significado propio de “soplo, aire”, tenemos en castellano el adjetivo espiritoso, que hace referencia al vapor sutilísimo que exhalan el vino y los licores. En inglés spirits, en plural, son bebidas con alta graduación alcohólica. Del verbo SPIRARE, que evoluciona a espirar, es decir, tomar y echar aire, conservamos muchos otros verbos derivados, que ya existían en latín, aspirar (de AD-SPIRARE), echar el aliento hacia algo, conspirar (de CON-SPIRARE), respirar con otros, alentar lo mismo que otros, expirar (de EX-SPIRARE), exhalar el aire y hacerlo por última vez, por lo tanto, morir, inspirar (de IN-SPIRARE) inhalar aire, infundir, respirar (de RE-SPIRARE) soplar una y otra vez, suspirar (de SUB-SPIRARE) respirar hondo, desde abajo, y transpirar , que no existía en latín, sino que se creó en las lenguas modernas, con el significado del prefijo latino TRANS- , a través de, por lo que significaría “respirar a través de algo”. Tomémonos un respiro, y pasemos al griego psyché, que viene a ser el equivalente semántico de ANIMA (alma, principio vital, espíritu) y de MENS (mente, inteligencia), y observemos el amplísimo campo de helenismos que conservamos en las lenguas modernas, relacionados con la psique y lo psíquico: por un lado la psicología o ciencia que estudia el comportamiento de la mente humana, y por otro la psiquiatría, que como especialidad médica se ocupa de su salud. La Real Academia permite que se escriba sicología y siquiatría, que responden a nuestra pronunciación, en lugar de psicología y psiquiatría, pronunciar cuya P nos supone un esfuerzo ímprobo. Sin embargo, en inglés, francés, alemán (e incluso italiano) se mantiene sin ningún problema. Esto unido a que la letra griega psi se ha convertido en el anagrama de los psicólogos hace que se conserve. Parece que a los psicólogos y psiquiatras no les gusta que se les quite la P inicial, porque es como si le faltara algo a su oficio, es como si le quitara gravedad y seriedad, lo que unido a que la sicología sin pe inicial es la ciencia que se ocupa del estudio de los higos hace que se entienda mejor su resistencia. La letra griega mayúscula Psi se utiliza, sobre todo en el mundo anglosajón, como anagrama de la palabra psicología. Uno de los más bellos relatos que nos ha transmitido la antigüedad es el cuento de Alma y Amor, o de Psiquéy Cupido, inserto como cuento independiente en la novela latina Metamorfosis o El asno de oro de Apuleyo. En este cuento la bella Psiqué, vamos a conservar la acentuación aguda griega de la palabra, es castigada por la diosa Venus a que todos los príncipes de este mundo se olviden de ella, porque les parecerá inalcanzable, y a que de ella se enamore el ser más horrible que haya en el mundo: la Bestia del cuento. El encargado de que se cumpla el enamoramiento es, como siempre, el hijo de la diosa, Cupido, alegoría del Amor, quién cuando ve aPsiqué, por su parte, no puede evitar caer rendido ante su suprema belleza y enamorarse perdidamente de ella, porque lo que sugiere el relato es que el monstruo más monstruoso que hay en el mundo es el propio Amor. Tenemos, pues, al cazador cazado, al Amor enamorado de una bellísima doncella con nombre parlante: Psiqué, el alma. Una vez celebradas las nupcias, una boda en la que parecía que la novia se casaba con la propia muerte, el Amor arrebata a la doncella y se la lleva consigo a un palacio maravilloso de ensueño donde ella y él son inmensamente felices, pero el esposo le impone una condición a la amada difícil de cumplir: no puede ver de día al amado ni saber quién es, sólo se encontrarán en la oscuridad de la noche en la alcoba. La curiosidad de Alma, despertada por sus malvadas hermanas que envidian su felicidad, hace que una noche después de hacer el amor con su marido, cuando él se da la media vuelta y se duerme, ella acerque una candela para ver su rostro: el amado se despertará sobresaltado y abandonará a Alma, que se verá asídesanimada y condenada a vivir sin Amor, el monstruo más hermoso que podía haber. Ha perdido el amor cuando lo ha conocido, cuando ha descubierto que su marido, la Bestia, era el Amor. Comienza entonces la larguísima peregrinación de Alma por el mundo en busca del amado… Tras la superación de varias pruebas que le son impuestas, Alma, casi exánime, es perdonada por la diosa, y le concede a su hijo el Amor que se una con ella, a la que le regala como recompensa el don de la inmortalidad. Desde entonces, el Alma, unida al Esposo, es inmortal; y de su sagrado matrimonio nace una niña que llevará el nombre latino de Voluptas, la voluptuosidad, o sea, el placer. La famosa escultura de Antonio Canova, conservada en el museo del Louvre de París, representa la unión deAlma y el alado Amor. Tomado de LOPE DE VEGA CLÁSICO

MENS MENTIS: mente

Mens sana in corpore sano



Vamos ahora a parar mientes en la palabra mente, que procede de la latina MENTEM tras la caída de la –M final. Siguió su evolución  y resultó en su momento MIENTE, porque el diptongo IE es la solución de la  E breve y tónica en castellano, pero esta forma, que estuvo vigente hasta nuestro Siglo de Oro, cayó pronto en desuso, y hoy apenas se usa como arcaísmo en expresiones como pasársenos algo por las mientes o parar mientes,que significa prestar atención.  Nos encontramos, pues, con que la forma que ha perdurado no es el término patrimonial, que sería miente, como tenemos in mente, sino el cultismo mente.


De ahí derivan el adjetivo mental y los sustantivos mentalidad, mentalismo, mentalista pero también el verbo mentar y el sustantivo mención y su verbo mencionar.

Vamos a considerar dos compuestos que significan “privado de inteligencia y de cordura”. Ambos tienen un prefijo privativo: en un caso DE- y en el otro VE-. Se trata de demente, y su familia demencia y demencial, que usamos muchas veces con el significado de locura, por ejemplo en la expresión demencia senil, y vehemente, que propiamente significa impulsivo, impetuosoy su familia vehemencia.

Mención aparte merece, por lo curioso que resulta,  el nombre parlante o significativo Mentor, nombre propio en su origen del consejero de Telémaco, el hijo de Odiseo/Ulises, derivado de la misma raíz indoeuropea quemente, que se ha convertido en nombre común, lo mismo que le sucedió a Mecenas. Un mentor es una persona que aconseja y protege a otra, un hombre con experiencia de la vida, además de un verdadero amigo, un maestro en suma que aconseja a un joven.  En la Odisea de Homero, es la propia diosa Atenea, que encarna la sabiduría, la que adopta varias veces la figura de Mentor, viejo amigo de la familia al que el héroe había confiado la custodia de sus intereses cuando partió para la guerra de Troya, para acompañar y guiar a Telémaco.


La diosa Atenea, transformada en Mentor, guiando a Telémaco, dibujo de John Flaxman.

La pervivencia de esta palabra puede rastrearse en la obra “Las aventuras de Telémaco” del escritor francés F. Fénelon, publicada en 1699 y muy popular durante el siglo XVIII, donde se dibuja el carácter de este personaje.
Otro de los compuestos más curiosos es mentecato que procede de la expresión latina MENTE CAPTUS que literalmente significaba “cogido de la mente”, es decir, que no tiene toda la razón. Y de este mentecato salen ya la mentecatería y la mentecatez.

Un compuesto interesante es comentar, que procede del verbo COM-MENTARI, y que con el prefijo COM- significa aplicar la inteligencia a algo.

Pero quizá el derivado más chocante sea el verbo mentir, que ya existía en latín MENTIRI, y que en principio significaba inventar, imaginar, derivando después a su significado más conocido de no decir la verdad y, por lo tanto, engañar. De ahí derivan todas las mentiras, los mentirosos y las mentirijillas.


Si les damos un repaso a las lenguas romances, observamos que en castellano, gallego, portugués e italiano decimos mente, en catalán se dice ment, en francés se utiliza otra palabra de origen latino para la mente como por ejemplo esprit, pero se  usa -ment como terminación adverbial  y el adjetivo mental, que también existe en inglés por influencia francesa mental, mentality, y en rumano tenemos minte. En inglés, pero de origen indoeuropeo y no latino, relacionado con MENTEM tenemos mind. 

De la misma raíz indoeruropea de la que viene mente, que era *mN, con archifonema nasal, unas veces resultamen- como en mente, y los derivados que hemos visto hasta ahora pero otras veces puede resultar mem-como en MEMORIAM, que es el origen de nuestra memoria tan injustamente desprestigiada por los modernos sistemas de enseñanza, de la que no podemos olvidarnos alegremente sin caer en el síndrome de Alzheimer y convertirnos en unos desmemoriados que han perdido el memorial de su memoria histórica.

Del verbo MEMORARE, que en latín significaba recordar, hemos heredado los compuestos conmemorar yrememorar, concurriendo este último con su término patrimonial remembrar. Quizá convenga detenerse un momento en la evolución de REMEMORARE, que con la pérdida de la –E final de los infinitivos quedó en castellano REMEMORAR. Este cultismo evolucionó tras la pérdida de la vocal interior pretónica O a REMEMRAR, surgiendo una B epentética para permitir su pronunciación: REMEMBRAR, fenómeno que podemos observar en otras palabras como HOMINEM>hombre (pasando por omre en castellano viejo)  o FEMINAM>hembra .

En relación con la memoria se utiliza a veces en castellano el latinajo memento (mori), que en su forma simple como imperativo que es del verbo MEMINISSE significa sólo recuerda y la expresión completa recuerda que mueres, que eres mortal, ten in mente el hecho de la muerte, tu mortalidad, uno de los tópicos del arte barroco relacionado con el de la fugacidad de la vida y los del carpe diem y el tempus fugit. Se cuenta que estememento mori era la frase que se repetían los monjes trapenses cada vez que se encontraban. También se denomina así a la calavera, símbolo de la muerte, que nos advierte de nuestra condición mortal en el arte barroco. Igualmente dentro de las partes de la misa se habla del memento de los vivos y el de los difuntos. Del verbo REMINISCI, relacionado con MEMINISSE, tenemos en castellano reminiscencia, que suele ser un recuerdo un tanto vago e impreciso, pero remembranza al fin y al cabo.

Hemos de tener en cuenta entre los derivados de MENTEM el numerosísimo grupo difícil de inventariar, porque es un procedimiento gramaticalmente vivo, de adverbios de modo y manera que acaban en –mente. Quizá su origen haya que buscarlo en expresiones adjetivas que ya existían en latín clásico y que se utilizaban en caso ablativo para indicar circunstancias modales: sincera mente, por ejemplo en este verso de una comedia de Plauto (Bac. 509): ego animum mente sincera gero, donde Mnesíloco le dice a su padre que lleva bien su ánimo “con mente inalterada”. En estos casos, por cierto, el adjetivo (“sincera” en el ejemplo) concuerda en género femenino, número singular y caso ablativo con el sustantivo mentecon mente sincera, inalterada… No poco curioso resulta por otra parte el origen del adjetivo sincero, dicho sea de paso, que, como apunta Marouzeau, significa “sin cera” y alude a la miel pura que elaboran las abejas, sin adherencias de cera.

Los adverbios en –mente, como sinceramente tienen dos acentos, el del adjetivo y el del sustantivo, porque aunque se escriban como una sola palabra siguen sintiéndose como dos. No sólo abundan en castellano, sino también en gallego, portugués, catalán, francés e italiano.

Siguiendo con la raíz indoeuropea *meN, hay que decir que presenta una variante con vocalismo O, que es *moN, de donde surge en latín el verbo MONEO aconsejar, que nosotros conservamos en monitorcon el sufijo –TOR de agente masculino: aquel que nos aconseja, y en los compuestos premonición, con el significado de advertencia previa que le da el prefijo PRAE-, y admonición, que viene a ser un sinónimo de aviso, sin olvidaramonestar y amonestación, que efectivamente son advertencias o avisos con una recriminación añadida. De esta misma raíz procede monumento con el significado de recuerdo, generalmente de algún muerto, testimonio, memorial…

Merece la pena detenerse un poco en un curioso derivado del verbo MONEO que es moneda, procedente de MONETAM, uno de los sobrenombres de la diosa Juno: Iuno Moneta, algo así como Juno la consejera. Junto al templo que se levantaba en Roma de Iuno Moneta se acuñaba la moneda, que es la evolución de MONETAM tras la caída de la –M final y la sonorización castellana de la -T- intervocálica, que se convierte en -D-, conservándose en castellano en adjetivos cultos como monetario, que evoluciona a su vez por la vía popular al término patrimonial monedero, donde se guardan las monedas.

En relación con esta misma raíz tenemos MONSTRUM en latín clásico, que dio en castellano la forma ya en desuso, mostro, y en latín vulgar MONSTRUUM que evoluciona a monstruo, que viene a ser un prodigio que señala la voluntad de los dioses, por la creencia de que estas monstruosidades eran advertencias o amonestaciones divinas, de donde deriva el significado de algo extraordinario y sobrenatural, y relacionado con esto el verbo MONSTRARE, indicar la voluntad divina en primer lugar, y en fin simplemente mostrardemostrar, muestra, muestrario. 

Aunque a primera vista parezca que no guardan mucha relación, las musas, hijas de Júpiter/Zeus y de Memoria/Mnemosine, divinidades que presidían las artes temporales, con la música y su murgas en primer lugar como la más significativa, pero también las bellas artes o espaciales, cuyas obras se atesoran en losmuseos que llevan su nombre, las musas también derivan de la raíz *moN, mas el sufijo –twa-.

La raíz indoeuropea, que hemos visto bajo sus formas *meN y *moN puede presentar en griego sobre todo la forma que se denomina grado cero *mN, dando origen a algunos helenismos relacionados con la memoria que conservamos en castellano: como amnesia, con prefijo privativo a-, de donde también deriva amnistía, con el significado de perdón, y mnemotécnico y mnemotecnia, el procedimiento que nos ayuda a recordar algo mediante alguna asociación mental. 

El título que le hemos puesto a esta entrada (“Mens sana in corpore sano”) es una frase muy manida, sacada de un hexámetro de Juvenal, que casi siempre se ha entendido mal, en el sentido de que hay que cultivar la inteligencia a la vez que el cuerpo. El contexto del dicho de Juvenal es “Orandum est ut sit mens sana in corpore sano” (Iuv. 10, 356), que propiamente significa: “hay que pedir a los dioses que haya (que nos den) una mente sana en un cuerpo sano”. Dice el poeta que el hombre verdaderamente sabio no pide al cielo más que salud, en el sentido amplio de la palabra: mental y corporal. Sin embargo suele citarse esta expresión para indicar que la salud del cuerpo es condición indispensable para la salud del alma, y que hay que esforzarse por lo tanto en cultivar la mente tanto como el cuerpo.

domingo, 15 de septiembre de 2013

CULTURA

La cultura tiene sus raíces en la tierra

Kultur, kultura, culture, kulturo, Κουλτούρα, cultuur, cultură…  son diferentes maneras de denominar lo que nosotros llamamos ‘cultura’

La primera acepción que el diccionario nos da para este término es la de cultivo. En verdad, el término procede (como tantos)  del latín  cultura y hace referencia al verbo latino colo. Este verbo viene a significar cuidar.
En la antigua Roma, por supuesto, cuidaban las tierras que ofrecían el sustento para la familia de cada uno (el hogar) y para la familia de todos ( la res publica).  Debían aplicar cuidadosamente todo el saber aprendido para obtener tan valioso tesoro: los alimentos. Este saber englobaría supuestos basados en la técnica y a su vez en la superstición.
Precisamente el dominio de las tierras y del “cuidado de éstas” movió la primera guerra mundial entre los hombres del mundo conocido: Roma ansió el dominio de las fértiles tierras sicilianas y su producción de grano.
Sin embargo, la última de las acepciones que nos indica el diccionario está vinculada al culto religioso. En efecto, los primitivos romanos cuidaban de las tierras con veneración. No sólo significaban alimento.  Convertidas en recinto sagrado (munus), aquellos romanos enterrarían en las tierras de su propiedad, los restos de sus antepasados. Así, sería el lugar donde el paterfamilias iba a reposar eternamente y para ello, deberá asegurarse un primogénito que garantice su descanso. El primer varón será el responsable de velar por la correcta realización de los ritos familiares secretos para venerar a los ancestros. Con lo que la herencia de la tierra implicaba necesariamente el culto a los antepasados familiares allí enterrados. ¡Pobre Tiberio Graco!  apaleado, lanzaron su cuerpo sin vida al río; al negarle la sepultura, le infringieron  el peor de los castigos: condenaron a su espíritu a vagar sin descanso por siempre. Mucho debió sufrir Ovidio su destierro, exiliado en el lejano Ponto, jamás su espíritu encontraría la paz.
Es más, para la fundación de cualquier ciudad, era necesario, en primer lugar, delimitar su recinto sagrado. Rómulo lo marcó con un arado, cavaron un pequeño foso en su interior y allí, tanto él como la comitiva de patres presentes, lanzaron un puñado de tierra procedente del lugar sagrado donde cada uno, en su respectiva patria, tenía enterrados a sus antepasados. Se establece así el vínculo definitivo con la nueva patria. Tuvo la osadía Remo, su hermano, de burlarse de estos asuntos tan serios y lo pagó con su vida.
Por otra parte, los romanos también “cuidan” los dioses, se les rinde culto para que sean benévolos con la cosecha de los campos y con la cosecha de “suertes” para los humanos. En este sentido, los romanos fueron muy estrictos en sus ritos, que se traduce en piadosos, como lo entiende  John Scheid, dentro de una religión muy cultual. El culto en sí mismo, es decir, la forma en la que se realizan los ritos es lo que realmente importa en toda ceremonia: se debe emplear las palabras justas, los gestos apropiados, el lugar adecuado… y sólo unos pocos – muy selectos dentro de la alta clase social- tendrían el privilegio de conocer este secreto formato e interpretar la voluntad de los dioses (y de paso, decidir el futuro de Roma) establecidos en 12 colegios sacerdotales para atender los cultos religiosos..
Hasta aquí,  el diccionario nos ha relacionado la cultura con el cultivo de la tierra y con el cultivo de los dioses. Pero eso no es todo: -cultura es un gran sufijo. La apicultura, avicultura, piscicultura, ostricultura, colombicultura y cunicultura, … entre otras y, con gran tradición, nos anima a que cuidemos de los animales. También, gracias a la puericultura podemos cuidar de nuestros más pequeños.  El cultor era el que adora o protege. De ahí que el agricultor adorase a los númenes con  la misma vehemencia que se encargaba de sus campos.  Y con la agricultura, volvemos otra vez a cuidar de los productos que nos ofrece la tierra: floricultura, fruticultura, horticultura, oleicultura, olivicultura… 
Gran afición tenía el gran Cicerón por todas esas actividades agrestes. Amaba sus inspiradoras  tierras de Tusculum, donde se retiró a escribir prosa y poesía. Precisamente allí, en el año 46 a. de c, dos años antes de su muerte escribiría,  Tusculanae disputationes, donde resulta ser el primero en establecer la metáfora del campo con las actividades y virtudes humanas empleando el término cultura como “cultura animi”, en su libro segundo.  Entendemos, entonces, la segunda acepción que nos da el diccionario de la Real Academia Española cuando dice que “cultura” es un conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico.

Por último, el diccionario menciona un uso colectivo del nuestro término definiendo la cultura como un conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc. Así, podemos aplicar el término a la cultura micénica, para hacer referencia a la civilización prehelénica del final de la Edad de Bronce, de la misma manera que Claude Chastagner puede  hablar de “la cultura del rock” surgida entre la década de 1950 y 1960 para referirse a una juventud occidental que construye un universo con leyes, códigos y valores propios alrededor de una música nueva e intensa: el rock.
Con todo, podemos afirmar que, si la incultura es precisamente la negación de todo lo anterior, tanto en el plano real como en el figurado, entonces debemos rechazarla y condenarla. Pues significa que estamos negando la capacidad de cuidar la tierra, de cuidar lo sagrado, de cuidar nuestro ánimo y de nuestra comunidad.
Por ello, el “reto de la cultura” debe contemplar una apuesta que garantice una Educación capaz de llenar a a las personas de todos estos conocimiento y experiencias – con aurea mediocritas-  no sólo en la parte de las destrezas técnicas,  sino también en las del ánimo. 

lunes, 2 de septiembre de 2013

OS ORIS : boca



Boca se decía en latín clásico OS, palabra de la que sólo nos han quedado algunos cultismos en español, como por ejemplo el diminutivo ósculo, literalmente “boquita”, usado con el significado de beso respetuoso o afectivo que se da con la boca cerrada, o el curioso verbo oscilar, que significaba moverse o balancearse como hacían los OSCILLA, o mascarillas que se colgaban de los árboles como ofrenda  a varias divinidades, sobre todo al dios Baco en relación con la cosecha de las viñas. Los OSCILLA eran por lo tanto boquitas o, tomando la parte por el todo, caritas.  Como los OSCILLA se movían cuando soplaba el viento, el verbo OSCILLARE pasó a significar moverse por efecto del viento, y de ahí nuestro oscilar y nuestras oscilaciones.
La raíz OS se convierte en OR- modificada en función de la aplicación de lo que se conoce como ley del rotacismo, por la que una –S- entre vocales se convertía en –R-, por ejemplo rus en singular, el campo, y rura, en plural, los campos, de donde tenemos los adjetivos rústico y rural. El plural de OS, como neutro que es, era *OS-A, que por el rotacismo pasó a OR-A. De ahí procede el cultismo oral, relativo o concerniente a la boca;  orificio, utilizado por extensión para cualquier abertura o agujero, y el verbo orar con su significado de “hablar por la boca y pedir algo” y su numerosa corte de derivados como: orador, oratoria, oratorio, oración, oráculo, adorar, e inexorable, uno de esos palabros que tanto gustan a los políticos, un imble, como los llama Rafael Sánchez Ferlosio a los adjetivos que empiezan por “in”, que es el prefijo negativo,  y que acaban por “ble”, sufijo que significa que algo puede ser y que es susceptible o digno de algo, pero que al estar negado por el prefijo resulta que no, que es imposible, que es el paradigma de todos ellos. Inexorable: que no se puede conseguir con ruegos oratorios y por lo tanto es inevitable.Gustan nuestros políticos de convertir estos adjetivos que les son tan gratos en adverbios en -mente, con lo cual crean unas palabras inexorablemente largas y monstruosas, cuyo significado último es que la realidad es como es y que las cosas son como son y que ellos no van a cambiarlas.
Pero nuestra boca, la castellana, catalana, gallega y portuguesa,  no viene del culto OS, sino de la palabra latina más vulgar BUCCAM, de donde proceden también el francés bouche, el italiano bocca y boccata, y el rumano bucal. 
La evolución de BUCCAM es muy sencilla: Tras la pérdida inexorable de la -M final de los acusativos latinos, que sólo conservamos en latinajos como currículum,  referéndum, médium y demás, BUCCA,  la U breve y tónica cambió su timbre a O,  BOCCA, y la C geminada se simplificó, BOCA.
Como derivado culto de BUCCAM tenemos el adjetivo bucal, palabras patrimoniales tenemos muchas más, como por ejemplo bocado y bocadillo, que, como diminutivo de bocado, significaba en principio pequeña porción de comida, y que hoy en día entendemos siempre metido en un panecillo abierto en dos mitades. El término coloquial bocata -¿tomado del italiano boccata?- que vale por bocadillo también procede en último término de BUCCAM.
Bocanada es otro derivado de boca, que en principio alude lo que se puede tener en la boca, líquido, humo o, simplemente,  aire fresco.
El verbo boquear significa en principio abrir la boca, aunque también puede connotar expirar, es decir, llegar al final porque uno lo hace por última vez.
El boquerón, también llamado bocarte,  es un pez similar a la sardina, aunque más pequeño, con el que se preparan las anchoas cuando se mete en salazón, y que se denominó así por su gran boca un tanto desproporcionada con el resto del cuerpo.
Un boquete es una brecha o rotura en una pared o muralla, una boca que se le abre a algo, metafóricamente hablando.
Boquilla es un diminutivo de boca, con varios significados relacionados con instrumentos musicales o con el tabaco, entre otros.
Un bocazas es alguien que habla por los codos, más de lo que aconseja la discreción, alguien en definitiva que no tiene en cuenta que por la boca muere el pez y que en boca cerrada no entran moscas. Es preciso hacer apología del silencio en un mundo tan ruidoso como en el que nos ha tocado vivir.
El verbo abocar también deriva de boca. Tenía un significado primitivo de derramar el contenido de un recipiente en otro, para lo que es menester arrimar las bocas de ambos, y de ahí ha desembocado en acercarse a la supuesta “boca” de algo, por ejemplo en una frase como: Muchos jóvenes están abocados al paro.
Otro verbo derivado de BUCCAM es embocar, que en principio significa tragar algo con la boca,   y su contrario desembocar, que significaría salir como por una boca, como hacen los ríos cuando desaguan en otro río, en un lago o en la mar salada.

 Desbocar es otro verbo que se utiliza sobre todo cuando se habla de caballos desbocados, es decir, que no obedecen al freno que se les pone en la boca.
De bucca probablemente existió en latín vulgar un adjetivo *bucceus o *buccius “relativo a la boca”, que aunque no está atestiguado, explica el origen de nuestro bozo, el nombre del vello que apunta sobre el labio superior de los jóvenes antes de salirles la barba, y, derivado del bozo sería el bozal, que se les pone por ejemplo a los perros para que no muerdan, con lo que se les tapa la boca.
Embozar sería cubrir la parte inferior del rostro, de ahí que el embozo de la sábana de la cama sea la doblez que toca al rostro, propiamente a la boca. Y de ahí no hay ya más que un paso para explicar el significado de rebozar: cubrir y por lo tanto ocultar el rostro con la capa o el manto, y,  pasando a la gastronomía, recubrir un alimento con huevo batido, harina, pan rallado, miel, y un largo etcétera.
Hay además en nuestra lengua numerosos compuestos cuyo primer elemento es la boca que nos ocupa: bocacalle, bocamanga o boquiabierto, que no necesitan mucha explicación.
Posiblemente, la palabra buche, con el significado habitual de bolsa o papo que comunica con el esófago de las aves donde se reblandece el alimento, y,  por extensión,  estómago en general, y sus derivados embuchar y desembuchar  podría derivar también de ahí. 
En Roma se encuentra una de las bocas más célebres del mundo,  la Bocca della Verità, es decir, la boca de la verdad. Un rostro de mármol en forma circular ubicado en la iglesia medieval de  Santa Maria in Cosmedin,  ante el que hacen cola los turistas que visitan la ciudad eterna para hacerse la típica foto metiendo su mano en la boca.    La máscara, que tiene un diámetro de algo más de un metro y medio, data del siglo I, y representa un rostro masculino con barba en el cual los ojos, la nariz y la boca están perforados y huecos. Probablemente este mármol fuera una fuente o la tapa de una alcantarilla, hallado como fue cerca de la Cloaca Máxima.
Cuenta la leyenda que el que mete su  diestra en la boca debe hacer alguna afirmación ante los presentes; si esa afirmación no fuera cierta,  se cerraría la boca de la verdad y el que ha metido la mano la perdería de un  mordisco de la marmórea efigie, quedándose manco para siempre. ¿Alguien se atreve a meter la mano, después de esto, y decir algo en el acto que sea verdadero de verdad? ¿Qué hará la bocca della verità si le decimos algo así como que la verdad es que no hay verdad?