sábado, 11 de febrero de 2017

Más, más ... insultos en latín

Cómo insultar en latín con elegancia.

El latín es el idioma más eficiente a la hora de insultar a alguien. Cada actitud inapropiada, torpe, o directamente criminal, poseía un insulto específico. Este nivel de excelencia se justifica por una sencilla razón: los romanos valoraban enormemente la fuerza del insulto, y lo convirtieron en una parte esencial del habla cotidiana.
Comenzaremos por algunos insultos en latín de baja frecuencia, por clasificarlos de algún modo, y luego analizaremos los insultos más fuertes y creativos. También es importante mencionar que las traducciones de estos insultos en latín, en muchos casos, no significan una gran ofensa para nosotros, pero en la época de los romanos eran tomados como verdaderas afrentas.
Uno de los insultos más frecuentes en latín era stulte, «estúpido». Para elevar la apuesta se recurría a stultissime, es decir, «completo estúpido»; o bien stultissimi, en el caso de querer insultar a un grupo de perfectos estúpidos; aunque en este último caso también se podía emplear fungi, literalmente, «hongos», insulto de carácter sectario que hacía referencia a los sujetos provincianos.
A la persona con malos hábitos a la hora de comer, que para los parámetros romanos debía ser alguien realmente grosero, se le llamaba ructator, «eructador». Si el sujeto poseía modales aún más rústicos se le endosaba el título de ructabunde, «bolsa de pedos», o bien de sterculinum, «letrina».
A un individuo que no entendía claramente lo que se le decía se le llamaba fatue, «tonto». Si su poder de comprensión era todavía más deficiente se apelaba a caudex, «idiota», pero únicamente cuando se hacía referencia a su perplejidad. Al que sí entendía pero que necesitaba que se le repitiera lo dicho se le llamaba nugator, que elegantemente podríamos traducir como «insignificante», aunque en realidad expresaba más bien cierta impaciencia en relación con la nulidad auditiva del otro.
Si uno deseaba manifestar cierta superioridad social sobre el otro se lo llamaba vappa, término intraducible que refiere a cierto vino agrio y desagradable. Si la superioridad era intelectual, se le decía matula, literalmente, «vasija», acaso en relación a una cabeza vacía.
En el caso de que alguien fracasara en una tarea determinada se lo llamaba malus nequamque, literalmente, «malo para todo», aunque para nosotros resultaría más adecuado «bueno para nada».
A quien cometía una indiscreción fuera de lugar, o bien traicionaba un secreto, se le decía bucco, «bocón», básicamente un alcahuete. Este era un insulto severo, que podía ir acompañado por caenum, «sucio»; spurce, «mugroso», o stercoreus, «sorete».
Buena parte de los insultos en latín tienen que ver con la higiene personal. Por ejemplo, luteus, «embarrado», indicaba a alguien cuyas ropas estaban sucias; oraputide, o «boca podrida», a alguien con mal aliento. Aquellos que despedían demasiado olor a transpiración eran llamados putide, «apestoso», lutulente, «mugriento»; o tramas, «basura».
El aseo capilar también era muy importante en la vida de los romanos; de tal modo que el término pediculose, «piojoso», recaía tanto a los que sufrían de pediculosis como a aquellos de cabellera desprolija.
Uno de los aspectos más interesantes de los insultos en latín es su relación con la cultura criminal. De hecho, buena parte de los insultos en latín tienen que ver con la idea de scelus, o «crimen», entendido menos como una actitud ilegal que como una contravención de las normas morales.
Un verbero, «avergonzado», se refería a alguien con un pasado vergonzoso. En la vida política de Roma era un insulto letal; lo mismo que fugitive, «fugitivo», con el tremendo peso coyuntural de la época, donde solo una persona esclava podía ser considerada fugitiva.
El sujeto que cometía un hurto era llamado fur, «ladrón»; insulto que entre las personas públicas se transformaba en un desconcertante trifur, literalmente, «triple ladrón». La fuerza de este tipo de acusaciones queda evidenciada en la palabra furcifer, que literalmente significa «portador del ladrón», y en términos prácticos, «horca». Para otro tipo de crímenes se recurría al más civilizado cruciarus, es decir, alguien que merecía ser crucificado.
Ahora bien, para despedirnos pasaremos a los insultos en latín más fuertes.
Por razones obvias deberemos obrar con prudencia a la hora de traducirlos, en algunos casos, apelando a ciertos refinamientos que no están presentes en el original
Paedicabo ego vos significa algo así como «voy a romperte el c*». Este insulto era exclusivo entre hombres, lo mismo que Irrumabo ego vos, «voy a c* por la boca», o más elegantemente, voy a obligarte a que me practiques una felación; frente a lo cual uno podría responder que el otro duros nequeunt movere lumbos, es decir, que es incapaz de tener una erección.
Un insulto en latín bastante frecuente era cinaede, «afeminado»; o pathice, un hombre que disfruta con ser penetrado. Con el mismo significado, aunque con menos refinamiento, se utilizaba el término puttus, «puto».

Frente a este tipo de acusaciones normalmente se le oponía el término mentula, alguien de escasa dotación viril. 

Tomado de: http://elespejogotico.blogspot.com.es/2017/02/como-insultar-en-latin-con-elegancia.html?m=1

lunes, 18 de julio de 2016

Más insultos en latín

Como en toda lengua que se precie, el insulto es algo inherente a la sociedad, y en cierto modo puede reflejar la forma de pensar o incluso el modo de vida de sus hablantes. El propósito del insulto no es otro que el de irritar o atacar al interlocutor, de tal forma que tal ataque hará referencia a una característica propia que distingue a esa persona del statu quo. Por este motivo es interesante conocer algunos insultos de la lengua latina; como es de esperar, hay insultos que aún conservamos hoy en día, ya sea a través de la etimología o a través de la semántica. 

1. Pathicus, -a, -um 

La traducción aproximada de este término sería la de «maricón», puesto que alude a la persona que es sometida al sexo anal. En inglés existe el términopathicque se refiere a aquella persona que es pasiva —en términos sexuales—, que es sodomizada o que simplemente sufre por algo y, por lo tanto, es víctima. 

2. Cinaedus, -a, -um

En la misma línea del término anterior encontramos este término que alude al hombre pasivo en una relación homosexual. También puede traducirse como «impuro», «obsceno» o «afeminado».

3. Spado, -onis

Término con el que se designa a aquel que ha sido castrado o que es impotente.

4. Hircus, -i

Literalmente 'macho cabrío' o 'hedor del macho cabrío'. Sin embargo, por extensión se utiliza este término para referirse a aquella persona que es despreciable, grosera o indecente. 

5. Pecus, -udis

La palabra alude a la res o cabeza de ganado. Al igual que ocurre en el término anterior, también se emplea para referirse a personas, por lo que su traducción sería la de «bruto» o «borrego».

6. Molliculus, -a, -um

Dícese de aquella persona delicada, blanda, floja o afeminada. 

7. Stultus, -a, -um

Adjetivo con el que se alude a aquella persona necia, tonta o estúpida. Su superlativo —stultissimus— no solo pondría más énfasis al insulto, sino que también designaría un grado mayor de necedad o estulticia. 

8. Perfidus, -a, -um

De este término procede nuestro pérfido en castellano. Su cometido, por tanto, sería el de afirmar que una persona es infiel, deshonesta o traidora. 

9. Imbecillus, -a, -um

Otra palabra «transparente» sería esta, aunque su significado ha variado en cierto modo. En latín se utilizaba este término para aludir a aquella persona débil, sin carácter o pusilánime. 

10. Impudicus, -a, -um

Se aplica a aquella persona que es considerada como inmoral, impura o que carece de pudor. 
Tomado de http://unono.es/10-insultos-en-latin-que-deberias-aprender-cuanto-antes/article/4432

viernes, 8 de julio de 2016

Algunos usos del prefijo AB- y sus variantes A- y ABS-

El preverbio latino AB con sus dos variantes contextuales A y ABS  indica separación o alejamiento del exterior de un límite, y conlleva nociones concomitantes de privación y desposeimiento. Se usa la forma ABS- cuando se une a palabras que generalmente empiezan por /t/,   y puede aparecer reducido a A- ante las consonantes nasales  /m/ (A-moral, alejado de los criterios morales maniqueos de bueno y malo, y por lo tanto ni moral ni inmoral, sino que está al modo nietzscheano más allá del bien y el mal, ya que bien y mal  no son cosas propiamente dichas sino consideraciones morales basadas en el mos maiorum o costumbre de los antepasados de las cosas)  y /n/ (A-normal, alejado de la norma). Pero este prefijo también significa "desde, a partir de"; por ejemplo se denomina AB-orígenes a los que habitan en un lugar desde siempre, desde sus orígenes.
La forma habitual en que se presenta en castellano  es AB-, en concurrencia con sus hermanos DE y E/EX. Un ejemplo es el nombre del sexto caso de la declinación latina: el AB-lativo (sin hache porque no tiene nada que ver con hablar),  que expresa entre otras nociones la de AB-lación en sentido propio, es decir, la procedencia del exterior de un límite que se toma como punto de partida. Esta palabra se utiliza más en contextos quirúrgicos como sinónimo de amputación, por ejemplo la bárbara práctica de la AB-lación o mutilación femenina del clítoris,  o científicos cuando se habla de AB-lación continental o glaciar.
No hay que confundir, sin embargo, la AB-lación con la AB-lución: el verbo latino LUERE significa lavar y con el prefijo AB-LUERE quiere decir quitar lavando, por eso cuando uno hace sus AB-luciones lava todo su cuerpo  o una parte de él con el fin de purificarlo, quitándole las impurezas, por ejemplo el polvo de los caminos que se adhiere a la planta de los pies.
Veamos algunos ejemplos más: en la historia más reciente hemos asistido a dos AB-dicaciones: la del papa Benedicto XVI en el seno de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana y la del rey Juan Carlos I de España, que cedió la corona a su sucesor varón dinástico y renunció así a la soberanía de su pueblo.  AB-dicar no es, como dice el chiste, una empresa de alquiler de coches, sino un verbo latino AB-DICARE, compuesto de DICARE. Entró en castellano hacia 1450 tomado del latín, y ha sido conjugado en primera persona por el Rey Juan Carlos I.  Si  DICARE era "anunciar", AB-DICARE es "anunciar que uno se aleja, deja de hacer algo, renuncia, y, en concreto,  que renunciar a la realeza”.  Si DICARE, derivado de DICERE "decir", era proclamar solemnemente, es decir, firmar Reales Decretos, para que nos entendamos, y hacer eso que se supone que hace un rey que, según el dicho, “reina pero no gobierna”, AB-DICARE es dejar de hacerlo.  De ese mismo verbo DICARE tenemos en castellano “de-dicar” con el sentido de consagrar pero también declarar y “pre-dicar”, que significa predecir, profetizar, decir algo antes de que suceda. Es decir que ab-dicar, lo que ha hecho el ahora rey emérito, es dejar de de-dicar-se a lo que  pre-dica-ba. Cuando uno AB-dica de alguna manera también está AB-jurando, porque está desdiciéndose de un juramento realizado previamente.
Cuando se interrumpe, ya sea voluntaria- o involuntariamente el embarazo, se AB-orta, porque estamos privando de nacimiento, que es el orto, que en astronomía es la salida o aparición del sol o de otro astro por el horizonte. Relacionado con el Sol y su salida está, precisamente, el oriente, que tienen  la misma raíz que el orto y el AB-orto.
No es lo mismo el uso que el AB-uso. Y así como es bueno hacer uso de algunas cosas, no es aconsejable AB-usar de ellas, lo que resultaría AB-usivo, y propio de un AB-usador, por lo que podría considerarse AB-yecto o fruto de una AB-yección si se trata no ya de cosas, sino de personas y sobre todo de menores.  Precisamente la Iglesia Católica es acusada de pedofilia (propiamente de AB-uso de niños), aunque algún cardenal ha salido por ahí inventándose un neologismo y argumentando que más que pedofilia  lo que hay son casos de efebofilia (es decir, de AB-uso de efebos preadolescentes o adolescentes), queriendo quitarle así algo de gravedad a la acusación, aunque en ambos casos nos hallamos ante AB-uso de menores de edad. Este AB-uso sexual de menores es propiamente una AB-ducción, que resulta, como cualquier otro AB-uso sexual, de poder o autoridad, AB-ominable es decir,  alejado del buen agüero, y por lo tanto AB-orrecido, con horrible pérdida de la hache intercalada, pues no deja de ser una AB-errante AB-erración, valga la redundancia.  Algo resulta AB-errante cuando se desvía del curso normal, lo que se denomina AB-erración, sinónimo por lo tanto de extravío, es decir, de salirse del camino habitual.
Y es que un menor puede ser AB-ducido, es decir, arrebatado o apartado de su entorno inmediato, no tanto por una supuesta criatura extraterrestre como fue Ganimedes en la mitología por el águila de Zeus o por el dios mismo transformado en ave rapaz, sino también por un ser terrestre, como los prelados de la Iglesia, que siguen el mandato evangélico de "sinite parvulos venire ad me" (dejad que los niños se acerquen a mí). La AB-ducción es también el movimiento que realizan los músculos AB-ductores, que son los que ejecutan un  alejamiento del plano de simetría del cuerpo humano, como el que mueve el ojo hacia la sien.
Vayamos ahora a la forma ABS-:  Uno puede ABS-traerse y alejarse así de la tracción o empuje de las cosas, como hace por ejemplo el arte ABS-tracto, y uno puede también estar ABS-traído ante un cuadro ABS-tracto o ante una ABS-tracción.
No conviene confundir, porque no es lo mismo, el ABS-tencionismo,  que es la práctica política popular que consiste en apartarse de las urnas donde no se decide nunca nada, sino que se elige a alguien inscrito dentro de una lista cerrada para que decida en nuestro nombre, que la ABS-tinencia, que es la privación de algún voto religioso como el ayuno o la castidad.
ABS-temio, por otra parte, no tiene nada que ver desde el punto de vista etimológico con ABS-tención ni con ABS-tinencia, que son compuestos del verbo TENERE/TINERE. El ABS-temio es el que se aleja y priva del temetum, que propiamente era el mero o vino puro, es decir, el alcohol, y por lo tanto tiene más que ver con el temulentum,  que es el borracho.
En cuanto a la ABS-tención hay que decir que en las últimas elecciones celebradas en el reino de las Españas el 26 de junio pasado, fue la postura política mayoritaria del electorado español como revelan los datos.
De un total de 34.597.038 españoles censados, la participación fue del 69.84% del electorado y la ABS-tención del 30,16%, lo que supone que unos 10.435.955 millones de españoles no hemos ido a votar, frente a los  24.161.083 que, engañados por los cantos de sirenas de las promesas electorales de los candidatos de los partidos políticos concurrentes,  han acudido sumisamente -cívicamente, dicen ellos, confundiendo el civismo con la resignación- a las urnas. El Partido Popular, que dicen que es quien ha ganado las elecciones, no llega a los ocho millones de votantes.
Hay gente que confunde el voto en blanco con la ABS-tención. No son lo mismo los 178.521 votos en blanco que se registraron en estas últimas elecciones, que son votos indecisos de votantes que acuden a las urnas y no saben a qué candidato elegir para que decida por ellos o les da igual uno que otro, conscientes como son en el fondo de que los que mandan son al fin y al cabo unos mandados, y de que da igual quién sea el mandado que pretenda gobernarnos.

En fin, no siempre que una palabra española empiece por abs- estamos ante la  forma  ABS del prefijo latino, pues podemos encontrarnos con AB más palabra que comienza por /s/, como en los casos de AB-solver y AB-sorber.  A uno se lo puede AB-solver cuando se le da la AB-solución o liberación, y entonces está AB-suelto. Algo AB-soluto es precisamente, algo que está liberado, desligado -esto es, no relacionado con lo demás, si es que hay algo así en AB-soluto en el mundo, donde todo parece relativo; de ahí, el AB-solutismo. Ahora bien, no es lo mismo AB-solver que AB-sorber, que es propiamente atraer y retener algo, generalmente un líquido como puede hacer una esponja.
Tomado de:http://santaclaraclasica.blogspot.com.es/

lunes, 27 de junio de 2016

Insultos en latín

He aquí un breve listado:
Acerrimus: es el superlativo de acer: puntiagudo, pinchante o hiriente.
Bustirapus: expoliador de piras funerarias, profanador.
Caenum inmundicia, en castellano: cieno, fango.
Cinaedus: sodomita.
Fraudulens: fraudulento
Fraus populi: timador del pueblo.
Fugitivus: fugitivo
Fur: ladrón, de donde el castellano hurtar (furtar)
Furcifer: pícaro, ladrón. Formado sobre furca (horca, palo cruzado donde el soldado llevaba su equipo personal) y fero (llevar)
Impudicus: deshonesto
Impurus: impuro
Legirupa: infractor de leyes, formado sobre el sustantivo lexlegis: ley y el verbo rumpo: romper.
Leno: mercader de mujeres esclavas, alcahuete.
Parricida: con el mismo valor que actualmente
Pathicus: cabrón.
Periurus: mentiroso, perjuro, sobre el sustantivo iusiuris: derecho
Pernicies adulescentum: perdición de los adolescentes, corruptor de menores
Planissimus : superlativo de planus: llano, simple
Sacrilegus: sacrílego, que comete actos impíos.
Scelestus: Bribón, granuja, del sustantivo scelus: mala acción.
Sociofraudus: “traicionamigos”, formado sobre socius: aliado, socio y fraus: fraude.
Verbero: Merecedor de azotes, del sustantivo verbe: vara con la que se azota, látigo.
Y sobre verbos, los más famosos son: pedico: sodomizar e irrumo: correrse por una felación. Sin contar términos como la propia fellatio.
Tomado de : http://historiasdelahistoria.com/2016/06/27/insultos-utilizados-la-antigua-roma

miércoles, 23 de marzo de 2016

Los días de la semana y Cairasco de Figueroa

Los días de la semana derivados de los dioses 
(San Silvestre, IV, 286) 

Por gentílica traza el nombre usado 
Al lunes dio la Luna, al martes, Marte;
El de Mercurio, al miércoles fue dado. 
Entró con Jove el jueves a la parte; 
Al viernes Venus dio su nombre amado; 
Saturno con el sábado le parte.  
Mas San Silvestre a ferias los remite, 
Que la Iglesia al gentil no es bien quimite.


Tomado de Santana G. y Rodríguez L. M. : Cairasco humanista, PHILOLOGICA CANARIENSIA 16-17 (2010-2011), 

Los dioses y Cairasco de Figueroa



Dioses mayores tenidos por viciosos 
(Crisanto y Daría, IV, 75)
 Y no es razón que dioses los llamemos, 
Pues sus vicios a nadie son ocultos… 
Matador de sus hijos fue Saturno;
A Jove, el ser adúltero, gran fiesta: 
Mercurio, su tercero, y el divino
Apolo inflamador de Dafne honesta.
Y desde los cabellos al coturno,
Juno, invidiosa, Venus deshonesta: 
Por éstos los demás pueden juzgallos, 
Que por el Rey se juzgan los vasallos. 
Si estos, que son los dioses y las diosas 
Tenidos entre todos por mayores, 
Tuvieron cuerpos y almas tan viciosas, 
¿Qué se puede esperar de los menores?

Tomado de Santana G. y Rodríguez L. M. : Cairasco humanista, PHILOLOGICA CANARIENSIA 16-17 (2010-2011), 

viernes, 10 de julio de 2015

Franco, un miles gloriosus

Sirva esta pequeña anécdota para ilustrar lo burros que han sido siempre los fascistas —en este país y en el ajeno—y de qué modo cretino, majadero e ignorante han intentado aprovecharse de la Historia de España, de la Literatura o de la Cultura a su favor, cuando por norma general lo primero que deberían haber hecho es estudiarlas. Afortunadamente, y también como norma, solo han conseguido señalarse como los más auténticos zotes que se hayan escapado de aula alguna, sin excluir esta fuga la de los legítimos moradores que consiguen hacer lo propio de muladares y cochiqueras.
Los visitantes de Salamanca quizás se vean sorprendidos al notar que los muros de la Universidad, cara norte, que dan a la plaza de Anaya, están todavía marcados con ese famoso signo que adoptó el fascio español tras la victoria de sus ejércitos: me refiero al monograma que se lee vitor (o victor). Sepa el curioso que ese signo se grababa cada vez que una tesis doctoral era defendida con éxito en la Facultad desde tiempos medievales. A los falangistas salmantinos, al ser la ciudad tomada a los pocos días de la sublevación de julio de 1936, les dio por identificar esta victoria con la propia, aunque fuese difícil equiparar la que se consigue con la inteligencia con la que se hurta fusil al hombro. La repesca ideológica y bullanguera del Falangismo español se adueñó, como digo, impropiamente del monograma, y llegó a dibujar en esas mismas paredes el signo, bajo el que un insigne latinista escribió:
Generalissimo Franco Mil. Hisp. Glor.
Lo que sin abreviaturas y semitraducido debería escribirse
Generalísimo Franco, Miles Hispanus Gloriosus.
Dejo la última parte sin traducir porque aquí es donde el asunto cobra su miga: la traducción literal es, como cabe sospechar, militar glorioso. Sin embargo, hasta el alumno más zote y menos familiarizado con las obras de Plauto conoce que, como personaje teatral, el miles gloriosus ha pasado a ser un tipo reconocible en las tablas, al igual que lo es el criado gracioso o el viejo avaro, y que corresponde a aquel personaje (militar o no) del que se burlan todos solapadamente por ser un fanfarrón, un falso matasiete y un héroe de pacotilla que, aunque anuncia a voz en grito que él solo es capaz de aniquilar a un ejército, se muere de miedo en cuanto asoma medio enemigo en el horizonte.

Afortunadamente para el latinista de turno, nadie de los seguidores del Alegre Régimen algo más ducho en latines le vio rendir tal homenaje al Caudillo: en caso contrario, lo más probable es que hubiese sido fusilado. O quizás encarcelado y enviado, como trabajador voluntario, a picar piedra al Valle de los Caídos.